¡¡¡Seguir orando!!!

El reciente caso en Villa Riva, donde una sargento está acusada de la muerte de su suegra, vuelve a encender las alarmas sobre la violencia que puede surgir incluso dentro de los hogares de quienes portan un uniforme.
Cada hecho de sangre deja una familia destruida y una sociedad que se pregunta qué está fallando.
Los cuerpos policiales y militares tienen la misión de proteger la vida y garantizar la seguridad ciudadana.
Por eso, cuando uno de sus integrantes se ve involucrado en un crimen violento, el impacto es doble: no solo se pierde una vida, también se erosiona la confianza de la población en las instituciones.
Estos casos deben ser investigados con total transparencia y sin privilegios.
La justicia debe actuar con firmeza, sin importar el rango o la institución a la que pertenezca el responsable.
Al mismo tiempo, es indispensable fortalecer la evaluación psicológica, la prevención de la violencia intrafamiliar y el seguimiento emocional de quienes desempeñan funciones de alto estrés.
La violencia no distingue profesión, uniforme ni condición social.
Sin embargo, de quienes tienen el deber de proteger a los ciudadanos se espera un comportamiento ejemplar.
La sociedad dominicana necesita instituciones fuertes, pero también servidores públicos con equilibrio emocional, valores y respeto absoluto por la vida.
Cada acto de violencia familiar incluyendo los feminicidios deben convertirse en un llamado urgente a prevenir, educar y actuar antes de que otra familia tenga que llorar una tragedia que pudo haberse evitado.
Tenemos que SEGUIR ORANDO, porque el diablo está en la casa!!!