Estás en Telenord Medios

Puedes continuar navegando en esta versión o visitar nuestra web de Servicios.

Skip to main content

Editorial de NTN: "Caos sobre dos ruedas"

En la República Dominicana, hablar del tránsito es hablar también de los motoristas.

Las motocicletas se han convertido en una herramienta esencial para miles de familias: sirven para trabajar, transportar pasajeros, entregar comida y movilizarse en ciudades donde el transporte público muchas veces resulta insuficiente.

Sin embargo, junto a esa realidad también existe otra verdad preocupante: el desorden y la imprudencia de muchos motoristas representan hoy uno de los mayores riesgos en las calles dominicanas.

Cada día se observan escenas que parecen normales, pero que reflejan una grave crisis de educación vial. Motoristas transitando sin casco, cruzando semáforos en rojo, conduciendo en vía contraria, llevando hasta tres personas en una sola motocicleta o desplazándose entre vehículos sin ningún respeto por las normas. Lo más alarmante es que muchas veces estas acciones terminan en accidentes fatales.

Las estadísticas de accidentes de tránsito en el país muestran constantemente que una gran parte de las víctimas involucran motocicletas. Detrás de cada número hay familias destruidas, niños huérfanos y hogares marcados por el dolor. Lo que para algunos parece “habilidad” o “viveza” al manejar, en realidad es una amenaza tanto para el conductor como para los demás ciudadanos.

Pero este problema no puede analizarse solo desde la crítica. También hay que reconocer que muchos dominicanos recurren a las motocicletas por necesidad económica. Para miles de jóvenes, ser motoconchista es la única forma de llevar sustento a su hogar. El problema no es la motocicleta en sí, sino la falta de regulación, educación y autoridad efectiva.

La República Dominicana necesita con urgencia una transformación de su cultura vial. Las autoridades deben aplicar las leyes de tránsito sin favoritismos, exigir el uso obligatorio del casco, seguro, licencia y matrícula, pero además fortalecer los programas de educación vial desde las escuelas.

Al mismo tiempo, los ciudadanos también deben asumir responsabilidad y comprender que conducir no es un juego.

No podemos seguir normalizando el caos.

Las calles no pueden continuar siendo territorio de miedo e imprudencia.

Respetar las normas de tránsito no es solo cumplir una ley; es proteger la vida. Y cuando un país pierde el respeto por la vida en sus carreteras, pierde también parte de su futuro.